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Inicio / control de peso

Desde el confinamiento, se han puesto de moda mil desayunos saludables, así como también postres fit o recetas saludables…Y la pregunta es… ¿por ser saludable puedo comerlo siempre que quiera?¿la cantidad que quiera?

La respuesta es depende. Como en la mayoría de cosas en nutrición… Dependerá del objetivo de cada persona y de sus características.

Pero, ¿Qué ha pasado con los desayunos saludables? El problema son las cantidades, pero también los alimentos.

Una tostada con huevos revueltos, aguacate y queso fresco es muy saludable, sí, pero si las cantidades son elevadas, y la densidad calórica también. Por lo que podemos estar comiendo más calorías de las que nuestro cuerpo necesita, y ahí es cuando puede ser “peligroso”, ya que puede contribuir al aumento de peso.

Lo mismo pasa con los mugcakes, tortitas, bowls con mil frutas, cereales, cremas de frutos secos…

Eso no significa que no puedas hacerte estos desayunos, sino que tenemos que tener en cuenta las cantidades de estos desayunos en función de tus necesidades fisiológicas, tu gasto energético y tus objetivos.

Las opciones de desayunos son infinitas, lo que te recomendamos es que incluyan una fuente de proteína de buena calidad ya que nos ayudará a mantener la saciedad durante la mañana.

Aquí os dejamos algunas ideas de desayunos completos:

  • Queso fresco batido, kéfir o yogur con fruta y frutos secos o cereales integrales
  • Huevos revueltos + tostada de pan integral con rodajas de tomate
  • Tostada de pan wasa con queso fresco y manzana
  • Pan integral con huevo poché + pieza de fruta
  • Tostada con aguacate y huevo
  • Leche con cereales integrales + pieza de fruta
  • Porridge de avena con plátano o naranja
  • Pudding de chía con fruta
  • Tostada con queso fresco y anchoas
  • Fruta + frutos secos
  • Tostada de queso crema con salmón ahumado

Recordad que las cantidades dependerán de tus objetivos, de tu composición corporal, sensaciones de hambre por la mañana, tipo de trabajo….

Si necesitas ayuda puedes acudir a un profesional titulado que te ayude y te enseñe cuales son las raciones adecuadas para ti.

Parece mentira, pero ya ha llegado septiembre.

Para muchos, en septiembre comienza otra vez el año. El mes de plantearte propósitos y objetivos nuevos. Para otros, septiembre no trae más que ansiedad. ¿Volver a plantearse propósitos para no cumplirlos?

Y tú, ¿de qué tipo eres? Yo solía ser de las primeras. Quería ver septiembre con optimismo, marcándome nuevos objetivos. Durante los meses de julio y agosto siempre, si tenía alguna idea pensaba, esto lo desarrollo en verano y en septiembre lo pongo en marcha. Os hago spoiler, eso rara vez pasaba.

Reflexionando sobre el tema, me he dado cuenta de que ver con optimismo y como un nuevo comienzo de año la llegada de septiembre, es algo impuesto. Como una tradición.

Volver a empezar…otra vez…volver a estrenaaaar… zapatos y libros…” ¿Os suena? ¡Exacto! ¿A ver si va a resultar que el tema de volver a empezar es más un tema de volver a comprar, un poco impuesto por la industria, que nos lo ha pintado lleno de optimismo porque ya duele suficiente el monedero? Seguro que toda la culpa no la tiene la industria, pero estoy segura de que si seguimos el hilo en el pasado, quien empezó con la historia fueron ellos.

En cualquier caso, llega septiembre y nos ponemos a pensar en los propósitos para acabar el año con un buen balance. Empezamos muy bien, pero, como dice mi madre “arrancada de toro y parada de burro”. No llegamos a los objetivos ni para acabar el mes. Entonces nos frustramos, nos agobiamos y nos tratamos mal. “Es que siempre igual”, “no eres capaz…”. ¿Quizás es que nos marcamos unos objetivos demasiado grandes para lo que queda de año?

Os propongo una idea. En vez de marcarnos grandes objetivos, nos podemos marcar pequeños e ir añadiendo cada mes. Además, podemos clasificarlos en tres bloques: alimentación, actividad física y bienestar. Si nos vemos preparados podemos plantearnos uno de cada, cada mes. Ya nos sabemos de sobra los objetivos típicos: apuntarse a un gimnasio, salir a correr, comer menos cantidad, planificar la semana con menús… Pero os pongo ejemplos de microobjetivos que nos podemos plantear, dependerá también de donde partamos y cuál es nuestro objetivo final.

Microobjetivos de alimentación: añadir alguna verdura en cada comida; controlar el aceite que usamos; comer pescado mínimo dos veces por semana; cambiar los alimentos con harinas refinadas por integrales; beber dos vasos de agua en cada comida;

Microobjetivos de actividad física: estirar diez minutos dos días a la semana; subir por las escaleras; caminar todos los días mínimo una hora…

Microobjetivos de bienestar: apagar el móvil 1 hora antes de acostarse; dormir mínimo 8 horas al día; no fustigarse ni culpabilizarse cada vez que no nos salga alguna cosa; ponerse un labial por las mañanas… Aquí se puede incluir cualquier cosa que nos haga sentir un poco mejor en el día a día, por muy tonto que nos parezca.

Os animo a probar este método de microobjetivos mensuales y pasar un poco de cada cambio de año, sean uno o dos al año.

Muchas veces, podemos tener la sensación de tener hambre cuando hace poco que hemos comido, o que nos apetece algo muy en concreto, como si fuera un antojo, ¿os ha pasado? Eso puede ser que se trate de hambre emocional o ansiedad. ¿Has oído hablar de ella?

¡Te lo cuento! Existen varios tipos de hambre, pero los más conocidos son el hambre real o fisiológica o el hambre emocional

Y no te ofusques si a veces no puedes distinguir cuál de las dos tienes, ¡No es tan fácil como parece!
Lo que si puedo decirte, es en qué se diferencian una de la otra, así tenemos algunas pistas para identificar de qué tipo se tratan. 

Hambre real o fisiológica: 

  • Aparece de forma gradual, poco a poco
  • Nos apetece comer cualquier cosa, por ejemplo un plato de verduras. 
  • Después de comer una cantidad suficiente de alimentos, la sensación de hambre desaparece y nos sentimos saciados
  • Podemos esperar para comer, y nuestra hambre irá aumentando

Hambre emocional o ansiedad: 

  • Suele aparecer de forma repentina, y necesitamos comer de inmediato
  • Suele apetecernos algo específico, como un antojo. Por ejemplo, galletas de chocolate. Si por algún motivo no tenemos ese alimento/producto que nuestro cuerpo nos pide y comemos otro, como no hemos satisfecho nuestra necesidad, es posible que esa sensación de hambre siga presente. 
  • Aunque hayamos comido una cantidad suficiente de alimentos, no nos sentimos saciados y necesitamos comer más
  • No podemos posponer el momento de comer, sentimos la necesidad de comer en ese preciso instante. 

En este video hablamos con más profundidad sobre como diferenciar el hambre emocional del hambre real.

Espero que te haya sido útil y que te ayude a identificar qué tipo de hambre puedes estar sintiendo. 

Viñeta de Quino

Sin saber como ya estamos entrando en el mes de octubre. El verano ya ha quedado atrás y se supone que ya nos hemos puesto a dieta y  nos hemos apuntado al gimnasio para bajar esos kilitos de más que hemos ganado con tanta cervecita y helado. Se supone que vamos cumpliendo poco a poco los objetivos propuestos al comenzar este mes. Se supone.

Por eso, se me ha ocurrido escribir sobre las dietas milagro. Porque hoy en día estamos rodeados de este tipo de dietas, son de fácil acceso para cualquier persona y me parece importante informar sobre éstas antes de que cualquiera decida seguirlas. Unas son más famosas que otras pero al fin y al cabo todas buscan el mismo fin, adelgazar de manera rápida y que no suponga demasiado esfuerzo.

Para dejarlo más claro y que no haya dudas sobre qué tipo de dietas me refiero, todas tienen estas caracterísiticas en común:

  • Prometen “resultados rápidos” y “mágicos” (cura milagrosa, ingrediente secreto, antiguo remedio…)
  • Prohiben el consumo de un alimento o grupo de alimentos
  • Contienen listas de alimentos “buenos” y “malos”
  • Exageran la realidad científica de un nutriente
  • Aconsejan productos dietéticos a los que se les atribuye propiedades extraordinarias
  • Incluyen relatos, historias o testimonios para aportar credibilidad
  • Contienen afirmaciones que contradicen a colectivos sanitarios de reputación reconocida.

Sobre todo nos atrae, y mucho, eso de adelgazar de manera rápida, ya que en nuestra sociedad carecemos de una “cosa” llamada PACIENCIA. Hace poco leí en el libro “No más dieta” de Julio Basulto y María José Mateo una comparativa entre una dieta fraudulenta y una dieta saludable. En el se hacía referencia a que una dieta fraudulenta es eficaz a corto plazo,  es decir, bajaremos de peso rápidamente pero perdiendo solamente agua y músculo. De ahí viene que  el peso se recupere fácilmente y se produzca el  famosos efecto “yoyo”. En cambio, en una dieta saludable hay que tener paciencia (sí… otra vez la palabrita…) ya que sus efectos son a medio-largo plazo, pero contribuyen a prevenir enfermedades crónicas y por lo tanto se considera uno de los pilares de nuestra salud.

Pero da igual que una dieta saludable sea a largo plazo mejor para nuestra salud, nosotros nos quedamos con lo estúpendo de esa dieta que nos va hacer adelgazar muchos kilos en poco tiempo y dejamos de lado riesgos tan importantes como:

  • Inducen cambios en el metabolismo energético que producen estados de “resistencia” a la pérdida de peso.
  • Originan situaciones de desnutrición o déficit de diferentes tipos de micronutrientes (como por ejemplo, las vitaminas)
  • Empeoran el riesgo cardiovasacular de los pacientes.
  • Favorecen el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.
  • Transmiten conceptos erróneos sobre la obesidad y su tratamiento.
  • Fomentan el sentimiento de frustración afectando negativamente al estado psicológico del paciente con obesidad.
  • Retrasan el inicio del tratamiento adecuado aumentando el riesgo de morbimortalidad
  • Producen gastos económicos innecesarios en productos que no producen los efectos declarados.
  • Pueden aparecer diversos síntomas asociados, como caída de cabello, debilidad en uñas, mareos…

Ahora sí,  espero que no os queden ganas de hacer una dieta de este tipo y que cada vez que veaís un anuncio sobre alguna de éstas,  no hagaís ni caso… ¡Qué son anuncios! Quieren llamar nuestra atención con afirmaciones maravillosas y por supuesto no nos van a decir los efectos secundarios que éstas conllevan. Todas buscan beneficios económicos más que la promoción de una alimentación sana y equilibrada.

No quiero terminar sin mencionar una frase de Abel Mariné (catedrático de nutrición) que sirve como resumen de lo que he querido transmitir con este post: “ De estas dietas cabe afirmar que tienen cosas buenas y originales, pero las buenas no son originales y las originales no son buenas”.

 

Bibliografía:

  • ¿Cómo identificar un producto, un método o una dieta “milagro”? Grupo de Revisión, Estuio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas. (Para acceder aquí
  • Estratégia Naos. Dieta Dukan. (Para acceder aquí)
  • “No más dieta” de Julio Basulto y María José Mateo.
  • “Comer y correr” de Julio Basulto y Juanjo Cáceres.

Sacarina y edulcorante

La semana pasada saltó la alarma. Ríos de tinta se vertieron sobre la temida sacarina, ese gran enemigo de la humanidad, ahora acusado de favorecer la diabetes. Ha sido tal el revuelo que desde Nutriestudio queremos poner un poco de calma en el asunto.

El artículo  dice lo siguiente: “ La sacarina y otros edulcorantes artificiales modifican la flora intestinal de un modo que facilita el aumento de peso, dificulta el control del nivel de azúcar en la sangre y aumenta el riesgo de diabetes tipo 2”. No habla de parece tener influencia, ni de la posibilidad, ni que podría, no, lo afirma contundentemente: La sacarina favorece la diabetes (literalmente en el título). Francamente un título impactante que hará que algunos se interesen por el artículo, pero que otros se queden con eso, que la sacarina favorece la diabetes sin animo de contrastarlo con otras informaciones.

La noticia, cuanto menos sorprendente, surge de un artículo publicado en la revista Nature (de muy alto prestigio, todo hay que decirlo) por un grupo de investigación del Instituto Weizmann de Rehovot (Israel). Los investigadores se preguntaron sobre la influencia que podrían tener los edulcorantes en la flora intestinal, ya que los alimentos influyen en esta y esta en la salud de la personas.

Para saber más sobre el tema, buscamos el artículo original, pero del cual solo pudimos acceder al resumen ya que la descarga del artículo original cuesta 30$. Estos precios no favorecen para nada que la gente pueda aprender o contrastar la información con la fuente 1º y al final, te tienes que fiar de lo que te cuentan fuentes 3º, como en este caso. Cuando pasan estas cosas hay que aplicar el sentido común para  saber hasta que punto hay que hacer caso o no una noticia. 

De los experimentos que se realizaron en ratones, solo diré eso, que eran ratones y que por mucho que los resultados salieran significativos no se pueden extrapolar a personas.

Centrémonos en los que se hicieron en personas. Por un lado realizaron una encuesta nutricional a 380 personas. La conclusión a la que llegaron fue que cuanta más sacarina se tomaba, mayor era el peso de las personas y el nivel de azúcar en sangre. ¿Causalidad o casualidad?,¿No podría ser igual de válido, que las personas con más peso toman sacarina para intentar perderlo? O una incluso más lógica, ¿ No puede ser que tengan más azúcar en sangre las personas que más peso tienen? En este caso, el tema de la sacarina sería más bien casualidad. Por lo que a mi respecta la conclusión de la encuesta no representa causa-efecto, siendo la causa la sacarina.

Por otro lado, se realizó un estudio con siete personas sanas que no eran consumidores habituales de edulcorantes artificiales. Lo primero a comentar es la muestra para el estudio, es una muestra tan pequeña que no puede ser ni de lejos representativa de la población. Estas siete personas estuvieron tomando 360 miligramos diarios de sacarina durante una semana.

Para que os hagáis una idea, he hecho fotos de cuanto es 360 miligramos de sacarina.

Una pastilla de sacarina18 pastillas de sacarina

 

 

 

 

 

 

 

 

Para consumir 360 miligramos de sacarina tendrías que consumir alrededor de 20 pastillas de sacarina al día. Cabe destacar que la sacarina puede llegar a ser de 200 a 700 veces más dulce que el azúcar por lo que, por mucho que la Agencia de Alimentos y Fármacos de EE.UU  (ADA) considere una dosis aceptable es una dosis muy exagerada que dista mucho de la realidad. Aunque los resultados hayan sido favorables para el estudio (en 4 personas la flora bacteriana se vio alterada y en 3 personas no hubo ningún efecto) no es representativa de la población en general, una por la poca muestra del estudio (7 personas) y otra porque no se puede considerar una dosis muy realista 360 mg de sacarina. No se si alguno de vosotros ha experimentado que pasa cuando una persona se excede consumiendo alimentos edulcorados. Normalmente se aumenta la frecuencia de visitas al baño y no de manera agradable, por lo que me imagino que estas siete personas se debieron pasar una semana movidita.

Cómo pequeño inciso, como por casualidad, en el artículo aparece nombrada la Stevia y aprovechan para comentar  que es un edulcorante de origen natural mientras que los tres edulcorantes del estudio son artificiales. (Si quieres más información sobre este tema pincha aquí). Que casualidad oye.

Dicho todo esto, me gustaría recalcar el hecho de aplicar el sentido común con este tipo de noticias porque el modo de explicar la historia de una manera tan sensacionalista tiende a confundir y a distanciarse de la realidad. Lo único que esta claro en esta historia es que no hay una base estable para cambiar las recomendaciones dietéticas en cuanto a los edulcorantes. Espero que os hayamos podido aclarar un poco vuestras dudas acerca de este tema.

Si encontráis alguna noticia de este tipo que queráis contrastar o si os gustaría que habláramos de algún tema de moda contacta con Nutriestudio, estaremos encantados de escribir sobre el tema en cuestión.

Siguiendo con la línea de este post, hoy ponemos a examen los productos light. Es otro de los productos top ten que se encuentran en los carritos de la compra de los valientes que han decidido hacer dieta. Nos encontramos ante la misma situación que nos encontrábamos con los productos dietéticos, ¿libertad absoluta para tomar la cantidad que queramos de los productos light? . En el post de comparamos un producto light con su homólogo normal. Ya veremos que pasa…

Carli mostrando los productos a examen

En la foto, los productos en cuestión. Un corte de queso tierno con su composición habitual y un corte de queso tierno tipo light. 

Realizamos el análisis de 100 gramos de cada uno.

Análisis nutricional queso100 gramos de queso tierno contiene de energía 385 kilocalorías y 34,5 gramos de grasa ( la mantequilla simula la grasa equivalente del producto).

 

 

 

Análisis queso tierno tipo light

100 gramos de queso tierno tipo light contiene 308,7 kilocalorías y 20,3 gramos de grasas.

Según el Reglamento 1294/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables (que puedes consultar aquí), un producto light se define como: «aquel alimento al que se ha reducido de uno o más nutrientes como mínimo en un 30% en comparación con su producto de referencia».

 

Como podemos observar el queso tierno tipo light cumple con el reglamento porque tiene alrededor de un 35% menos de grasa que el queso tierno normal. El caso es que al compararlo por 100 gramos la diferencia entre uno y el otro en cuanto a grasa puede ser considerable, pero la ración de queso recomendable no son 100 gramos, son de 30 gramos.

Comparación de ambos quesosAl comparar ambos quesos en una ración de 30 gramos vemos que las diferencias ya no son tan grandes.

La conclusión que sacamos es que como pasaba en los productos dietéticos hay que conocer bien que quiere decir light y no hacer abuso de estos productos ya que sólo tienen un 30 % menos del nutriente en cuestión que el producto original.  También podemos ver que para raciones pequeñas la diferencia entre uno y otro es bastante despreciable por lo que hay que valorar si vale la pena comprar el tipo light, que suele ser más caro y tener un sabor diferente, en vez de el normal.

Espero que este post os haya servido de ayuda! Si queréis que analicemos otro tipo de productos no dudéis en escribirnos.

 

Esta mañana te has levantado de la cama, te has mirado en el espejo y se te han puesto los pelos de punta de lo que has visto. Piensas: «Esto se me ha ido de las manos, me pongo a dieta pero ya». Decides bajar al supermercado convencida de llenar la nevera de verde y la despensa de cosas super sanísimas. Paseando por el pasillo del supermercado, das con la esquina de los productos Dietéticos. Bueno, bueno, bueno.. Ya estas salvada. Productos diet, sin azúcar, sin grasas con los que podrás calmar tus ansiedades cuando la dieta se te haga cuesta arriba.

Cajas de galletas sometidas a la comparación¿Es esto realmente así? ¿Puedes comer estas galletas con total libertad porque son productos dietéticos? ¿Tienen menos calorías que unas galletas normales?

Averigüémoslo…

Para ello, nos hemos ido a la tienda de alimentación de la esquina a comprar unas galletas tipo “Maria” normales y unas tipo «Maria» sin azúcares.

La idea es comparar las cantidades de energía, grasas y azúcar que tenían las galletas.

Pesamos 100 gramos de galletas normales y 100 gramos de las dietéticas. La primera comparación sale bastante parecida. El resultado es: 100 gramos de las normales son 16 galletas y 100 gramos de las dietéticas resultaron 15,5 galletas.

El resultado del análisis de las galletas «María» normales es el siguiente:

Analisis nutricional galletas normalesRealmente si no tenemos la comparación con las otras no podemos sacar muchas conclusiones. Así que el análisis nutricional de las Galletas sin azúcar es la siguiente:

Análisis nutricional galletas sin azúcarDe esta manera sí que podemos observar las diferencias entre una y la otra.

  • Lo primero que nos llama la atención es, efectivamente, el azúcar. La cantidad de azúcar es muy diferente, 25,6 gramos de azúcar por 100 gramos de las normales frente a 1,3 gramos de azúcar por 100 gramos de las dietéticas. 
  • En cambio, la grasa de 100 gramos de las galletas normales es de 10,4 gramos mientras que la grasa de 100 gramos de galletas sin azúcar es de 16,1 gramos. Por lo que la cantidad de grasa es superior en las dietéticas.
  • Finalmente, comparando las calorías observamos que en el cómputo final, las galletas normales tienen menos kcal con las galletas dietéticas.

Comparación nutricional

Después de observar estas fotos y las comparaciones, ¿que conclusiones sacáis? Las mias son las siguientes:

  • El término producto dietético no quiere decir que sea más bajo en calorías. El término producto dietético según la AEDN en este  documento (donde habla también de marcos legales) se refiere a «aquellos productos que, por su composición o por el particular proceso de su fabricación :
    •  Se distinguen claramente de los productos alimenticios de consumo corriente
    • Son apropiados para el objetivo nutritivo señalado
    • Se comercializan indicando que responden a este objetivo «

En el embalaje de estas galletas pone claramente Sin azúcares añadidos, y efectivamente, no lleva azúcares añadidos, no pone nada que sea más bajo en kilocalorías ni que sea el producto ideal para hacer dieta.

  • Puede escandalizarte un poco las imágenes de las bolsitas de azúcar. El tema del azúcar merece un post aparte pero vamos a resumir lo esencial. La recomendación de la OMS (que podéis ver aquí) es que el azúcar no puede superar el 10% de la ingesta calórica diaria total. Para un adulto sano con un índice de masa corporal total, esto se traduce a menos de 50 gramos de azúcar al día.

Observamos que las 16 galletas normales llevan 25 gramos, la mitad, pero es que tampoco es normal comerse 16 galletas al día. Lo ideal es comer entre 6-8 galletas al desayuno por lo que la cantidad de azúcar no es tanta. Además en una sola coca-cola hay 35 gramos de azúcar, por lo que es bastante más escalofriante la cantidad que lleva una coca cola que no la cantidad que llevan 6-8 galletas.

  • Si comparamos por 6-8 galletas, las diferencias entre una y otra no son muy grandes. Por lo que las dos pueden ser válidas, siempre que se tomen una cantidad moderada.

Como conclusión, y contestando a las preguntas que nos hacíamos al principio… NO! Que sean galletas dietéticas no significa que sean lo ideal para calmar nuestras ansiedades y tengamos total libertad en la cantidad. Cuando tengas ansiedad por la comida mejor bebe un vaso de agua y cuenta hasta 10 o sal a correr. Mucho más eficaz.

Y por último no, no tienen menos calorías que unas galletas normales, pero tampoco mucho más, comparándo una ración de 6-8 galletas la diferencia no es significativa.

¿ Que opináis? Espero que os haya gustado este post. Si os gustaría que escribieramos sobre algún tema en concreto o sobre alguna duda que siempre hayais tenido en cuanto a la alimentación, escribenos un comentario y lo haremos encantados.

Si te ha gustado este post, seguro que te gusta este.

foto-1

Ha llegado el verano y con el la hora de ponerse el bañador y lucir “palmito”. Mucha gente, sobre todo,  público femenino, anda como loca comprando todo tipo de productos, apuntándose a gimnasios,  haciendo dietas… Por eso hoy voy a abarcar un tema que trae más de un quebradero de cabeza a muchas mujeres, la celulitis.

La celulitis aparece en la Real Academia Española (RAE) coloquialmente definida como la acumulación de grasa subcutánea en diferentes partes del cuerpo. Afecta entre el 85 y 98 % de las mujeres y predomina en glúteos y cadera.

Si buscamos en internet encontraremos cantidad de información sobre la temida “piel de naranja”, pero en verdad son pocos los estudios científicos que la han estudiado. La predisposición genética, la raza y el sexo (las hormonas sexuales femeninas) tienen un papel importante en el desarrollo de la celulitis. Ante esto no podemos hacer nada. Pero hay otros que la agravan y sobre los que sí podemos actuar:

  1. VIDA SEDENTARIA
  2. No hacer ejercicio nos llevará a tener más grasa, menos masa muscular y además aumentará la flacidez de los músculos. Todo esto hace que el bombeo de la sangre de las extremidades inferiores sean menos eficientes y esto contribuirá a agravar la celulitis.
  3. Para quemar grasa, lo más eficaz es el ejercicio aeróbico, es decir, andar de manera ligera, correr a un ritmo suave, pedalear en la bici sin mucha intensidad… La mejor señal (sin utilizar pulsómetro claro) para saber que estamos haciendo un trabajo aeróbico es notar que no nos falta el aire y que en todo momento podemos respirar bien.
  4. DIETAS RICAS EN GRASAS E HIDRATOS DE CARBONO: No quiero decir que haya que eliminar de la dieta de manera drástica la grasa y los carbohidratos. Sino más bien, llevar una alimentación saludable, en el que comamos de todo sin abusar de ambos grupos. Hay que evitar alimentos como snacks,  bollería industrial, bebidas azucaradas, comida rápida, frituras… Es decir, todos esos alimentos que son fáciles y rápidos de adquirir en un momento en el que nos entre hambre, pero que son también perjudiciales para nuestra salud (incluida nuestra “querida” celulitis).
  5. Por otro lado, he de aclarar que no hay ninguna evidencia científica de que la obesidad cause este problema. De hecho, hay personas que están delgadas y la presentan. Pero también es cierto que la obesidad la agrava y cuando se consigue perder peso, la “piel de naranja” se reduce.
  6. ESTRÉS, ALCOHOL Y TABACO: Sabemos que son dañinos en muchos sentidos para nuestra salud, así que lo mejor son evitarlos.
  7. ROPA AJUSTADA Y ZAPATOS DE TACÓN: La ropa ajustada y llevar muy a menudo zapatos de tacón limita el correcto flujo de sangre, por lo que, las grasas se queman más lentamente y tienden a acumularse.

Sí, sé lo que estáis pensando… la celulitis es un “coñazo” y no hay ningún alimento “anticelulítico” específico que nos ayude a eliminarla. Es muy difícil conseguir que desaparezca por completo, pero una alimentación ordenada, equilibrada y saludable junto la realización de actividad diaria nos ayudará a ello.

 

Bibliografía:

http://lema.rae.es/drae/?val=celulitis

http://aedv.es/sites/default/files/notas-prensa/documentos/celulitis_lo_ultimo.pdf

http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/alimentos_a_debate/2014/06/16/220079.php

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16020201